Por: Tim Walters
Si bien el evento deportivo más popular del mundo siempre ha estado entrelazado con intereses empresariales, su reciente subordinación a los centros de riqueza de los combustibles fósiles como anfitriones, propietarios y patrocinadores del deporte no tiene precedentes y resulta alarmante en el contexto de una emergencia climática cada vez más grave. En su artículo para “Play the Game”, “Trump, la FIFA y la Copa Mundial de 2026: un partido forjado en el infierno climático”, Tim Walters explora la incompatibilidad entre las políticas energéticas ecocidas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los compromisos ambientales de la FIFA, demostrando que Estados Unidos no cumple con los compromisos ecológicos para albergar el torneo.
En un importante cambio de política, la FIFA no estimó sus emisiones de gases de efecto invernadero antes del torneo de 2026, la primera vez que no lo hace desde que adoptó una serie de ambiciosos compromisos ambientales a partir de 2006, compromisos que hasta ahora prácticamente no han tenido ningún impacto en su comportamiento emisor. Desde una perspectiva de relaciones públicas, esto tiene sentido, ya que la Copa Mundial de este verano será, por un amplio margen, el evento deportivo más contaminante de la historia de la humanidad, en gran medida como resultado de la decisión de la FIFA de expandir masivamente la competición. En “La Copa Mundial de la FIFA 2026 podría emitir 70 millones de toneladas de CO₂ con costos humanos mortales”, Tim Walters llena este vacío desde una perspectiva de decrecimiento, argumentando que el torneo de este verano producirá suficiente CO₂ como para provocar prematuramente la muerte de 70.000 personas.

