-Por la Sociedad Jurídica Pivot en Vancouver, Columbia Británica; republicado con permiso – consulte el original aquí
A tan sólo dos semanas del primer partido de la Copa Mundial de 2026, Vancouver publicó su Plan de Acción Final sobre Derechos Humanos de la FIFA. El Plan, fechado el 25 de mayo de 2026, actualizaba un borrador de febrero que Pivot y una coalición de organizaciones aliadas habían criticado duramente. Aunque la versión final refleja algunas mejoras modestas, ofrece muy poco y muy tarde y, en última instancia, no establece un marco jurídico y de políticas sólido y suficiente para mitigar las implicaciones en materia de derechos humanos de albergar la Copa Mundial de 2026.
Toronto, la otra ciudad canadiense anfitriona de los Juegos de 2026, también publicó recientemente su propio Plan de Derechos Humanos. Aunque los contextos locales son diferentes, la publicación del Plan de Toronto brinda una oportunidad para preguntarse: ¿cuánto de la debilidad del Plan de Vancouver es algo particular de esa ciudad y cuánto está incorporado desde el principio en los propios requisitos de derechos humanos de la FIFA?
Esta es la Parte 2 de la serie FIFA on the Block de Pivot. Analizamos en profundidad el Marco de Derechos Humanos de la FIFA, revelando el abismo entre lo que los planes de acción de las ciudades anfitrionas de 2026 dicen hacer y lo que significan en la práctica.
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Foto por: Fatima Jaffer (@fatsjaffer)
Los intentos de la FIFA por rehabilitar su reputación en materia de derechos humanos
La FIFA tiene una notoria reputación por sus violaciones de los derechos humanos en todo el mundo. Los trabajadores migrantes contratados para construir los estadios de la FIFA en Catar en 2022 denunciaron condiciones de vida y trabajo peligrosas, salarios impagos y lesiones – y muchos de ellos finalmente murieron durante el proceso. Tres años después, la FIFA optó por cancelar los mensajes contra el racismo y la discriminación que tenía previstos para la Copa Mundial de Clubes de 2025 celebrado en Estados Unidos, y se reportaron cánticos homófobos en al menos un partido.
En un intento por rehabilitar su reputación en materia de derechos humanos, la FIFA introdujo el Marco de Derechos Humanos de la Copa Mundial 2026. Este Marco introdujo, por primera vez, la exigencia de que cada una de las 16 ciudades anfitrionas desarrollara “Planes de Acción sobre Derechos Humanos de las Ciudades Anfitrionas”, que debían abordar tres temas: inclusión y salvaguardias; derechos laborales; y acceso a remedios. Las ciudades debían abordar cuestiones específicas de derechos humanos (20 en total) dentro de cada tema y establecer medidas jurídicas y políticas específicas para mitigarlas en el contexto de la organización de la Copa Mundial. Cada Plan debía basarse tanto en la legislación nacional (en el caso de Vancouver, la legislación municipal, provincial y federal) como en las normas internacionales de derechos humanos.
El anuncio de la FIFA de junio de 2024 sobre su nuevo proceso de planificación de derechos para las ciudades anfitrionas de la Copa Mundial de 2026 parecía prometedor. Las ciudades anfitrionas estarían obligadas a emprender un sólido proceso de planificación de varios años para identificar y prevenir los impactos de los Juegos en los derechos humanos. Tendrían que aprovechar la experiencia local mediante consultas con organizaciones no gubernamentales y grupos comunitarios. Y, lo que es más importante, las ciudades se verían obligadas a actuar de manera proactiva, aprovechando las leyes y políticas existentes y asignando recursos (dentro de sus amplios presupuestos para el evento) para cubrir las deficiencias en la planificación y respuesta en materia de derechos humanos. Parecía que la FIFA se estaba tomando en serio los posibles impactos del Mundial de 2026, sentando las bases para que las ciudades anfitrionas implementaran protecciones concretas de derechos como parte central de su proceso de planificación.
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Foto por: Fatima Jaffer (@fatsjaffer)
Vancouver’s Draft Plan: February 2026
Sin embargo, el borrador del Plan de Derechos Humanos de Vancouver sembró dudas tempranas sobre las promesas de los nuevos requisitos de la FIFA. Inicialmente estaba previsto que el borrador se publicara en diciembre de 2025, pero su publicación se retrasó sin explicación.
El borrador del Plan, finalmente publicado en febrero de 2026, enumeraba las 20 cuestiones de derechos humanos contempladas en el Marco de la FIFA. Sin embargo, en lugar de introducir medidas jurídicas y políticas específicas para mitigarlas, el borrador del Plan de Vancouver se limitaba a presentar una larga lista de leyes ya existentes a nivel municipal, provincial y federal. Las medidas de derechos humanos enumeradas representaban el statu quo, en lugar de respuestas específicas a los posibles impactos de la FIFA. El lenguaje empleado en todo el Plan era débil y explícitamente poco comprometido, ya que describía la intención de la ciudad de “continuar” o “supervisar” procesos existentes, en lugar de “implementar”, “financiar” o “invertir” en nuevos.
En algunas secciones, los compromisos del borrador eran directamente engañosos. Por ejemplo, en la sección sobre las medidas para mitigar el desplazamiento de lxs personas sin vivienda, el Plan hacía referencia a las protecciones existentes para inquilinxs, incluidas la Ley de Arrendamientos Residenciales de Columbia Británica y la Ley de Alojamientos de Alquiler a Corto Plazo. Sin embargo, ninguna de estas leyes protege a lxs personas que dependen del espacio público, ya que actualmente no están categorizadas legalmente como “inquilinos”. En otras palabras, el Plan pretendía aliviar los temores de los residentes de Vancouver sobre los desplazamientos relacionados con la FIFA señalando leyes que ni siquiera se aplican a ellos.
Por su parte, Toronto ni siquiera publicó un borrador de Plan.
Plan Final de Vancouver: mayo de 2026
Desplazamiento
La versión final del Plan de Vancouver, publicada a finales de mayo, es sólo ligeramente más sólida que su predecesora. El Plan final sigue basándose en gran medida en marcos jurídicos y de políticas ya existentes. Como medida positiva, el Plan final introduce la aprobación por parte de la ciudad de 500.000 dólares en subvenciones para organizaciones de primera línea que defienden a los inquilinos (incluidos el Tenant Resource & Advisory Centre (TRAC) y la Access Pro Bono Society of BC), que inevitablemente verán aumentar la demanda debido al desplazamiento habitacional inducido por la FIFA.
Pero el Plan final sigue siendo claramente insuficiente para prevenir el desplazamiento de lxs personas que dependen del espacio público. Promete que la ciudad mantendrá los servicios existentes para lxs personas sin hogar y precariedad habitacional, pero no se compromete a ampliar esos servicios ni a aumentar la financiación de los proveedores de servicios no gubernamentales. El Plan asegura que lxs personas seguirán pudiendo refugiarse al aire libre durante la noche – presentándolo aparentemente como una concesión, en lugar de reconocerlo como un derecho constitucionalmente protegido para los residentes de una ciudad sin suficientes espacios de refugio. En la misma sección sobre la prevención del desplazamiento, el Plan advierte explícitamente que “continuarán las labores diarias de gestión del espacio público y de cumplimiento de las ordenanzas municipales” (eufemismo para los violentos desalojos de campamentos y las confiscaciones de pertenencias personales) – una advertencia ominosa en un momento de mayor aplicación de ordenanzas nuevas y existentes.
El Plan de Toronto (publicado el 1 de junio de 2026) va incluso más lejos y contempla explícitamente el desplazamiento de lxs personas que dependen del espacio público. Concretamente, afirma que los campamentos “presentan riesgos para la salud y la seguridad tanto de sus residentes como del público” y se compromete a “seguir priorizando las acciones de acercamiento y el acceso rápido a espacios de refugio y apoyos para ayudar a reducir la exposición a esos riesgos”. Esto resulta alarmante en un Plan que pretende prevenir – no legitimar – los impactos de la FIFA sobre los derechos humanos.
Empujar a lxs personas que se refugian al aire libre hacia espacios de albergue creados apresuradamente va en contra de su autonomía y autodeterminación – Si las ciudades realmente se preocuparan por la ‘salud y seguridad’ de quienes se refugian en la calle, invertirían en vivienda – en lugar de desplazarlas hacia la nada o hacer un esfuerzo rápido y de último minuto para meterlas bajo techo para acomodar los Juegos.
Fiona York, organizadora de Ayx Community Bus en Vancouver
Espacios de refugio diurnos
El Plan final de Vancouver anuncia el compromiso de la ciudad de ampliar la programación en cinco espacios de acogida diurno operados por la ciudad durante los días de partido. Aunque contar con opciones dignas y accesibles de refugio diurno ha sido una de las principales demandas de las comunidades del DTES (Downtown Eastside), los compromisos del Plan se quedan cortos.
Según el Plan, los horarios sólo se ampliarán los días de partido – es decir, apenas unos pocos días dentro de un período de varias semanas de alteraciones relacionadas con la FIFA. Se espera un aumento de la vigilancia policial, la aplicación de ordenanzas y los cierres de calles durante todo el período del evento (del 11 de junio al 19 de julio). Extender la programación en solo 7 de esos 39 días hace muy poco para salvaguardar de manera efectiva la privacidad, la dignidad y la libertad de quienes dependen del espacio público mientras la FIFA está en la ciudad. El compromiso de la ciudad parece confundir el problema con los propios partidos de fútbol, en lugar de con la infraestructura de vigilancia que acompaña a todo este gran espectáculo.
El Plan también pierde la oportunidad de ofrecer espacios de refugio diurno que funcionen además como centros de enfriamiento para lxs personas que dependen del espacio público. Vancouver ha experimentado calor extremo durante varios veranos consecutivos, y los efectos se sienten primero y con mayor intensidad entre los residentes del DTES. El DTES no sólo es una isla de calor urbana, sino que gran parte de las viviendas del barrio carecen de aire acondicionado, ventilación adecuada y espacios comunes – elementos que mitigan el riesgo climático. Los centros de enfriamiento administrados por la ciudad son tristemente conocidos por ser inaccesibles para lxs personas sin hogar, a quienes se considera que están “ocupando” esos espacios y que sufren discriminación por parte del personal y los voluntarios. En el verano de 2026, es probable que el calor extremo, la precariedad de la vivienda y las perturbaciones relacionadas con la FIFA se combinen para producir vulnerabilidades interseccionales que el Plan no aborda.
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Foto por: Fatima Jaffer (@fatsjaffer)
Información sobre drogas tóxicas
Durante meses, una coalición de organizaciones del DTES y de Chinatown, respaldada por la experiencia de grupos dirigidos por consumidores de drogas, instó a la ciudad a tomarse en serio el choque entre los turistas y el suministro de drogas tóxicas en Vancouver. Columbia Británica ha estado en una situación de emergencia de salud pública declarada por sobredosis relacionadas con las drogas desde 2016 – en otras palabras, más de una década.
Después de observar la evidente ausencia de información sobre drogas tóxicas en el borrador del Plan de febrero, la Red de Consumidores de Drogas del Área de Vancouver (VANDU) presentó al Comité de la Ciudad Anfitriona una serie de demandas concretas y viables, incluyendo:
- contratar a compañeros de primera ayuda por sobredosis en los alrededores de las sedes de los eventos de la FIFA;
- aumentar la financiación para centros de consumo seguro y centros de prevención de sobredosis; y
- crear un recurso visual sobre los servicios presenciales para los consumidores de drogas nuevos en la ciudad
Sin embargo, la sección final del Plan sobre drogas tóxicas se relega a un único párrafo en la parte final de la sección de preguntas frecuentes (página 75 de un documento de 78 páginas). La sección informa a los lectores que el suministro de drogas en Columbia Británica está contaminado y alienta a los visitantes a “evitar el consumo de drogas y, si lo hacen, a evitar consumirlas solos.” Esta declaración va en contra de los principios de reducción de daños basados en la evidencia que VANDU y otros grupos han estado instando a la ciudad a considerar. Los servicios y apoyos adicionales para los consumidores de drogas quedan totalmente excluidos del Plan.
Las fallas del Plan resultan especialmente flagrantes a la luz del anuncio emitido por el Ministro de Salud de la Columbia Británica el mes pasado de que Vancouver Coastal Health «no procederá… por el momento» con un punto de consumo supervisado (OPS) inicialmente planeado para el 900 de la calle Helmcken (el único fuera de un entorno hospitalario en todo el centro de la ciudad), generando la reacción pública. Presumiblemente, esta reacción incluyó la propia oposición, muy pública, del alcalde Sim al sitio.
La provincia y la ciudad no han preparado adecuadamente a lxs personas que están visitando Vancouver para el riesgo de trampa mortal en la que están entrando – Sería ingenuo pensar que, entre lxs personas que acuden a este torneo de fútbol, no habrá algunos consumidores de drogas… Y no darles ningún tipo de advertencia sobre lo que ha estado ocurriendo aquí durante los últimos 10 años es criminal.
Dave Hamm, presidente de VANDU
El Plan de Derechos Humanos de Toronto ni siquiera menciona la palabra “drogas” ni una sola vez, y mucho menos introduce medidas de reducción de daños. Esto es más que una deficiencia, pero una decisión con consecuencias mortales tanto para turistas y residentes.
Acceso a vías de recurso
Tanto el Plan de Vancouver como el de Toronto no establecen un acceso adecuado a los canales de remediación para lxs personas que sufran violaciones de los derechos humanos relacionadas con la FIFA.
El Plan de Vancouver se basa en los mecanismos de queja existentes, en lugar de introducir un canal sólido y específico para que lxs personas denuncien las violaciones de los derechos humanos relacionadas con la FIFA. La FIFA sólo tiene jurisdicción para responder a las violaciones de los derechos humanos que ocurren dentro de un evento oficial. En esos casos, lxs personas deben presentar una denuncia a través de la aplicación de la FIFA, y el personal de la FIFA evaluará la denuncia e investigará si procede.
Pero si una violación de los derechos humanos ocurre en cualquier otro lugar de la ciudad durante el periodo del evento, los canales internos de denuncia de la FIFA no se aplican. En esos casos, el Plan de Vancouver alienta a la gente a denunciar las violaciones a través del 311 – un servicio existente operado por la ciudad de Vancouver que es notoriamente subfinanciado e inaccesible, especialmente para lxs personas sin acceso confiable a la tecnología. Además, el Plan elude detalles fundamentales sobre la equidad procesal, incluyendo: ¿qué criterios se utilizarán para evaluar las denuncias de violaciones presentadas a través del 311? ¿Qué requisitos de notificación y pruebas se aplican? ¿Qué estándar de prueba se debe usar? ¿En qué circunstancias se realizará una investigación? ¿Cómo llevarán a cabo las investigaciones? Y, lo más importante, ¿cuáles son las vías de recurso disponibles? Abordar estas preguntas con claridad y por adelantado es fundamental para garantizar un procedimiento justo y accesible y, sin embargo, el Plan no responde a ninguna de ellas.
Sin esfuerzos concretos y tangibles para invertir, ampliar y educar a los residentes de Vancouver sobre cómo usar el canal de denuncias del 311, lxs personas que sufran violaciones de los derechos humanos relacionadas con la FIFA se quedarán sin un recurso adecuado. Esas violaciones, además, permanecerán sin documentar y no contabilizadas en los futuros intentos de la ciudad de informar sobre el legado de los Juegos.
El Plan de Toronto se basa de manera similar en los canales de denuncia existentes, incluido su propio servicio local 311. A diferencia del Plan de Vancouver, que guarda silencio sobre la educación jurídica pública, el Plan de Toronto se compromete a “proporcionar información y recursos sobre las opciones de presentación de denuncia disponibles a través de canales accesibles, incluidos los sitios web de la ciudad, la capacitación de voluntarios, las comunicaciones públicas y el canal de denuncia de la FIFA.” Sin embargo, una campaña educativa significativa sobre cómo denunciar las violaciones de los derechos humanos relacionadas con la FIFA debería haber sido planificada hace meses – no en un documento publicado nueve días antes del inicio de los Juegos.
Un “requisito” que no requiere mucho en absoluto
Si bien el Plan de Derechos Humanos de Vancouver es débil y el de Toronto es posiblemente más débil, algunas de las ciudades anfitrionas del 2026 no han publicado ningún plan para nada. La redacción del Marco de Derechos Humanos de la FIFA pretende exigir estos Planes, estipulando que cada ciudad “lanzará” a medida antes de los Juegos (en lugar de “puede” o “podría” publicarlo). A pesar de esta obligación supuestamente obligatoria, el Marco de la FIFA no establece un proceso para sancionar a las ciudades que no publiquen un Plan, ni para instar a las ciudades Planes inadecuados para que los mejoren. En última instancia, la FIFA no tiene el poder para obligar a las ciudades a implementar medidas legales y políticas para proteger contra los impactos en los derechos humanos que conlleva el Mundial de 2026.
Quizás la falta de sentido del Marco de Derechos Humanos de la FIFA no debería ser una sorpresa: uno se pregunta cómo una organización que otorgó a Donald Trump el Premio de la Paz podría haber servido como un verdadero baluarte para la protección de los derechos humanos. O quizá ningún proceso de planificación, por muy riguroso que sea, podría evitar significativamente las consecuencias de los derechos humanos que hasta ahora han demostrado estar ligadas al gran eventos deportivos modernos.
[No hemos] visto ningún megaevento que pueda “planear” para eliminar la violencia federal inherente a los espectáculos de las colonias de asentamiento.
Eric Sheehan, organizador de NOlympics LA22
Pero criticar los planes publicados por las ciudades anfitrionas canadienses sigue siendo un ejercicio importante. Vancouver y Toronto no pueden recibir pases gratuitos simplemente por publicar Planes de Derechos Humanos, cuando esos planes hacen poco por compensar significativamente los impactos de los derechos que ellos mismos han provocado al organizar los Juegos.
[Debemos] no permitir absolutamente que cualquier nivel de gobierno u organización deportiva utilice estos planes como una forma de ‘lavar los derechos’ de los impactos negativos que la Copa del Mundo tiene sobre las ciudades anfitrionas y lxs personas que viven en ellas.
Chantelle Spicer, codirectora de la Coalición para la Reducción de la Pobreza de Columbia Británica
Aquí, en casa, el Plan de Vancouver nos ofrece documentación tangible sobre lo que la Ciudad está y no haciendo para mitigar los daños relacionados con la FIFA, así como un punto de referencia del cual exigir algo algo mejor. El Plan nos muestra, sobre el papel, que en un momento en el que la Ciudad está gastando hasta 338 millones de dólares para albergar los Juegos de la FIFA, está optando por no invertir en iniciativas de reducción de daños, espacios de refugio diurnos o canales de denuncia accesibles. El Plan nos salva de tener que adivinar cuáles son las prioridades de la Ciudad – las hace explícitas.
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