¿Un Mundial tecnofascista? Parte I: El deporte militarizado

-por Carolyn Prouse

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, saludó a la multitud mientras el director ejecutivo de Lenovo, Yuanqing Yang, se encontraba a su lado sobre un escenario en Las Vegas, levantando una edición especial del teléfono Razr de la FIFA 2026 entre enormes aplausos. La ceremonia resultó ser, en cierto modo, un alivio en comparación con las manifestaciones mucho más fascistas del poder autoritario que cada vez se asocian más con la organización de esta Copa Mundial, desde que la FIFA otorgó a Donald Trump su primer Premio de la Paz, hasta las redadas de ICE durante el Mundial de Clubes de 2025, pasando por la participación de la FIFA en la Junta de Paz de Trump para “reconstruir Gaza”.

El evento, con un estilo propio de Silicon Valley, celebraba el acuerdo entre la FIFA y Lenovo, la empresa multinacional de tecnología que está ayudando a proporcionar la “columna vertebral tecnológica” de la Copa Mundial de la FIFA 2026 (FWC26), que se celebrará en 16 ciudades de 3 países. Frente a una pantalla con avatares digitales en 3D que representaban a un futbolista en movimiento, Yang presentó la “tecnología avanzada de IA generativa” y los “recursos 3D” que la empresa aporta para “apoyar la eficiencia del proceso de toma de decisiones de los árbitros de la FIFA” – decisiones que, como se ha demostrado recientemente, pueden ser revertidas por las presiones políticas de jefes de Estado. Posteriormente, presentó el Centro de Comando Inteligente, que “observará” y “responderá” a las “tendencias en toda la zona de influencia del torneo”.

Esta colaboración ocupa un lugar central en los Objetivos Estratégicos de la FIFA para 2023-2027, que buscan invertir y aprovechar la tecnología digital y la inteligencia artificial (Objetivo 3). Entre las innovaciones previstas para el FWC26 se incluyen Football AI Pro, para “democratizar” el análisis para ofrecer a todos los equipos acceso a los datos y análisis de los partidos; avatares de jugadores en 3D y dobles digitales impulsados por IA para alimentar las decisiones del Videoarbitraje (VAR); y la Vista del Árbitro (Referee View) estabilizada por IA, para transmitir una imagen fluida desde la cámara del árbitro para los espectadores.

Aunque estos avances tecnológicos puedan parecer, a primera vista, benignos en comparación con las redadas de ICE o los proyectos para reconstruir Gaza, lo que promete la incorporación del capitalismo digital a través del FWC26 está lejos de ser inocuo: el etiquetado de datos para la IA aplicada al fútbol suele subcontratarse a trabajadorxs mal remunerados del Sur Global; y la adopción de todo lo digital y automatizado sirve para reforzar nuevas formas de control y toma de decisiones — incluso tecnofascistas — sobre nuestras vidas – incluido el deporte –, al tiempo que desplaza la democracia y las relaciones humanas.

En esta miniserie sobre capitalismo digital, tecnofascismo y la Copa el Mundial, analizo cómo la agencia humana y las formas democráticas de toma de decisiones están siendo desplazadas del juego mediante tecnologías que convierten el terreno de juego y las instalaciones deportivas en espacios “inteligentes”. Desde la acción en la cancha hasta los estadios inteligentes y las calles que los rodean, las acciones, los cuerpos y los comportamientos humanos están siendo digitalizados para su circulación y explotación con fines de lucro, así como para reforzar los regímenes de vigilancia intensificados. Presenté por primera vez la relación entre el (tecno)fascismo y la Copa Mundial de la FIFA 2026 en una infografía que pueden consultar aquí. En esta primera entrega, la Parte I, exploro por qué una perspectiva del capitalismo digital y el tecnofascismo resulta útil para comprender cómo opera el poder a través del deporte, y arrojo luz sobre la estrecha relación entre las tecnologías deportivas y las militares. En las próximas publicaciones ampliaré el análisis para analizar el estadio inteligente y las calles que rodean las sedes de la FIFA. Si les interesa conversar más sobre los argumentos que desarrollo aquí, ¡no duden en ponerse en contacto!

La FIFA como facilitadora del autoritarismo y el tecnofascismo

La creciente cercanía entre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente estadounidense Donald Trump llevó a Nick McGeehan, de Fairsquare, a señalar que “la FIFA se está convirtiendo rápidamente en una sirvienta de los autoritarios que están remodelando un sombrío nuevo orden mundial”. Pero esto no es nuevo; como escribe Jules Boykoff, la FIFA ha mostrado desde hace tiempo una inclinación por las dictaduras o los regímenes cercanos a ellas, desde el Mundial de 1934 de Mussolini, utilizado para promover los ideales fascistas de un organismo deportivo político nacional superior, hasta el Mundial de 1978 en Argentina, celebrado en el estadio Monumental, a apenas 10 minutos a pie del lugar donde la dictadura militar de Jorge Rafael Videla torturaba a presos políticos. La preferencia de la FIFA por los regímenes autoritarios tiene sentido: imponer los reglamentos del Mundial de la Asociación en naciones democráticas puede ser un proceso largo y conflictivo. Cuando la FIFA adjudica el torneo a regímenes autoritarios, los estadios se construyen, las calles se despejan y el dinero fluye con mucha menos resistencia.

Menos evidentes son las formas en que la FIFA no solo colabora con gobiernos autoritarios, sino que (junto con sus patrocinadores) reproduce formas de desigualdad, vigilancia policial e incluso fascismo impulsadas por la tecnología, mediante la recopilación y el análisis de grandes volúmenes de datos en todos los aspectos del juego, desde algoritmos que determinan si el balón cruzó la línea de gol, hasta sistemas que monitorean e influyen en el comportamiento de lxs aficionadxs, pasando por la transformación de los cuerpos y movimientos de lxs atletas en millones de puntos de datos destinados para los mercados de apuestas y predicciones. En efecto, el tech-washing de la FIFA oculta las formas más profundas y discretas en que el capitalismo digital y el fascismo están consolidando su dominio sobre el deporte, gran parte del cual ya se está filtrando desde los estadios hacia la vida cotidiana de los aficionados.

Activistas y académicos recurren cada vez más al concepto de “tecnofascismo” para describir estas tendencias del capitalismo digital en un Occidente cada vez más autoritario. El término se utiliza para reflejar cómo las tecnologías digitales (de las cuales la IA es apenas la última “frontera”) pueden facilitar la violencia fascista al promover la violencia racializada, el miedo y la polarización política, mientras concentran las ganancias en manos de empresas tecnológicas privadas y/o altos funcionarios gubernamentales. El tecnofascismo se hace presente cuando ICE recopila datos de Waymo y cámaras privadas instaladas en las puertas; cuando los algoritmos de las redes sociales programan la viralidad y amplifican mensajes de odio contra grupos religiosos y étnicos minoritarios; y cuando las fuerzas policiales utilizan plataformas de terceros – como Gotham, de Palantir – que emplean inteligencia artificial sobre enormes bases de datos para predecir cuándo y dónde ocurrirá un delito. En la era de los grandes datos y lo digital, el fascismo está impulsado, como señala el filósofo belga Mark Coeckelbergh, por la “extracción de datos, la gobernanza algorítmica, la manipulación del comportamiento y la monopolización de las plataformas”, que socavan la democracia y el bien común.

Y el deporte – incluidos, y especialmente, los megaeventos deportivos hipervisibles impulsados por el nacionalismo – proporciona la voluntad política, los recursos financieros y el fervor patriótico necesarios para poner a prueba y afianzar tecnologías que alimentan esas divisiones. En otras palabras, una parte de la larga sombra del tecnofascismo habita en el estadio deportivo, en las tecnologías que nos acercan a los atletas y al juego, y en la seguridad del campo de acción deportiva. La Copa Mundial de la FIFA es solo un laboratorio donde se experimenta con estas tecnologías, pero es uno de los más ostentosos y con un legado potencialmente aterrador.

El deporte militarizado: Hawk-Eye en la Copa Mundial

Quizás la forma más evidente en que las tecnologías deportivas pueden contribuir a proyectos violentos, incluso fascistas, sea a través de sus estrechos vínculos con el ejército militar. De hecho, la historia de la tecnología deportiva puede contarse, en parte, como una historia del campo de batalla y de sus disputas. Desde los materiales balísticos hasta el GPS y los sistemas de vigilancia con drones, el terreno deportivo está plagado de tecnologías desarrolladas para vigilar, localizar y matar a quienes son considerados “enemigos” de un Estado-nación.

Una manifestación reciente de de alta tecnología de esta estrecha relación es el Videoarbitraje (VAR) y la Tecnología de Fuera de Juego Semiautomática (SAOT), utilizada en los torneos recientes de la FIFA, incluida la Copa Mundial de la FIFA 2026. La SAOT utiliza inteligencia artificial (IA) para rastrear las extremidades de los jugadores mediante “10,000 puntos de datos en los cuerpos de los 22 jugadores” e integra esa información con los datos de sensores del balón TRIONDA, de Adidas y Kinexon (Lusweti y Odawa, 2023), para determinar las líneas de fuera de juego.

La tecnología SAOT ha sido desarrollada por Hawk-Eye Innovations, filial de Sony, una empresa que ofrece sistemas de seguimiento óptico con raíces militares. Hawk-Eye (quizás más conocido por su uso en el tenis para reemplazar a los jueces de línea) fue desarrollado por primera vez en 2001 por la empresa británica Roke Manor Research Limited, que “se especializada en el desarrollo de sensores para aplicaciones militares” – conocida, por ejemplo, por un programa de 1995 llamado Halo, utilizado para localizar el origen de disparos de armas para las fuerzas de paz en la entonces Yugoslavia. Hawk-Eye deriva de un programa de entrenamiento para pilotos de combate que aplica sistemas creados para rastrear misiles al seguimiento de pelotas – utilizando cámaras y ecuaciones matemáticas para determinar si una pelota cruza una línea. La empresa utilizó una tecnología similar para ayudar a guiar al Beagle 2 hasta Marte.

Expertos en el deporte señalan los fundamentos antihumanos de estos sistemas. La tecnología Hawk-Eye no analiza una imagen, sino que “se basa de una red de… cámaras de alta velocidad que capturan la pelota desde distintos ángulos a una elevada frecuencia de fotogramas, enviando ese movimiento a un algoritmo informático que triangula la posición y genera una imagen reconstruida de la trayectoria”. En otras palabras, las repeticiones que vemos nosotros (y los árbitros) no son reproducciones de la realidad en sí mismas, sino representaciones digitales de esa realidad como los algoritmos matemáticos que tienen índices de error incorporados (en el tenis, Hawk-Eye tiene un error medio de 2,2 mm).

Jesús Manuel Soledad Terrazas sostiene que el sistema SAOT, en particular, es una auténtica caja negra: las decisiones que antes tomaban humanos ahora se delegan en una tecnología propietaria que calcula la realidad con fines de lucro. ¿Por qué importa esto? Porque cuando son las tecnologías, y no los seres humanos quienes toman las decisiones, se pierde la rendición de cuentas. Y aunque los algoritmos se afianzan en muchos ámbitos, la insistencia en que el deporte es “apolítico” normaliza la toma de decisiones automatizada, permitiendo que modos de gobernanza antiliberales se infiltren en nuestra vida cotidiana sin encontrar resistencia.

Afirmar que el VAR y la tecnología Hawk-Eye fomentan el tecnofascismo por compartir orígenes militares y tendencias iliberales puede ser cierto, pero también insuficiente. En un mundo donde los gobiernos occidentales financian al ejército con cantidades exorbitantes mientras recortan el financiamiento para la investigación científica y la educación pública, no es de extrañar que el ejército haya contribuido al desarrollo de internet y de muchas tecnologías digitales. Y dado que el deporte de alto rendimiento siempre ha estado marcado por impulsos nacionalistas o eugenésicos (como el entrenamiento de cuerpos “aptos” para la competencia militar) tampoco resulta extraño que deporte y ejército sean íntimos aliados.

Pero estas no son relaciones accidentales: estos contratos y conexiones crean la base político-económica para el desarrollo tecnológico en el deporte, al tiempo que normalizan nuevas formas de toma de decisiones “artificiales”, desde el campo de batalla hasta el campo de juego y mucho más allá: Roke es una empresa que ha dirigido su mirada hacia las estrellas para colonizarlas.

En la próxima entrega volveremos a la Tierra para analizar los estadios inteligentes como laboratorios vivientes del capitalismo digital. ¡Nos vemos allí!