Por: Declan Abernethy
Desde la década de 1960, los líderes políticos y empresariales de Atlanta han recurrido repetidamente al deporte para impulsar la imagen nacional y global de la ciudad y resolver problemas económicos que desde hacía tiempo afectan al centro urbano. Sin embargo, para lograr ese cambio, estos proyectos tuvieron un costo enorme e ignoraron las protestas de lxs residentes. En 1966, 948 familias del proyecto Rawson-Washington fueron desalojadas para que Atlanta pudiera construir un estadio, conseguir un equipo de béisbol y convertirse en una ciudad de grandes ligas. Tres décadas después, la ciudad demolió nuevamente muchos de esos mismos vecindarios y gastó cientos de millones de dólares para construir Turner Field, el Georgia Dome y dormitorios para las Olimpiadas de 1996.
Aunque estos proyectos lograron convertir a Atlanta no solo en una ciudad de grandes ligas sino en una metrópolis global, ocurrieron a pesar de los habitantes de la ciudad y a costa de ellos. Para 2016, Atlanta contaba con franquicias profesionales de fútbol americano, béisbol y baloncesto, mientras muchas de las comunidades cercanas tenían índices de pobreza cercanos al 50 %. Al año siguiente, la ciudad demolió el Georgia Dome, de 26 años de antigüedad, y gastó cerca de mil millones de dólares públicos en el Mercedes-Benz Stadium al otro lado de la calle. A pesar de las promesas de sus promotores, existe poca evidencia de que estos desarrollos relacionados con el deporte hayan aportado algún tipo de impacto económico positivo y duradero para los habitantes habituales de Atlanta.
El patrón es antiguo. Los líderes de la ciudad venden Atlanta a los forasteros y los residentes pagan la cuenta — con sus hogares, medios de vida e impuestos.
Ahora la Copa Mundial de la FIFA 2026 está a la vuelta de la esquina. Atlanta será sede de ocho partidos. Esta vez, obligada por las nuevas reglas de FIFA, la ciudad hizo promesas. A principios de 2026, Atlanta publicó un Plan de Acción de Derechos Humanos para la Copa Mundial. El plan incluye 60 compromisos específicos relacionados con protección laboral, vivienda, accesibilidad, seguridad pública, medidas contra la trata de personas y mecanismos de rendición de cuentas. Aunque el documento final se quedó muy lejos de las demandas de los grupos de defensa, es la primera vez que Atlanta ha plasmado algo así por escrito antes de un megaevento. El Plan de Derechos Humanos sugiere que la Copa Mundial puede realizarse “con Atlanta y no contra Atlanta”.
Dado el historial de Atlanta en relación con el desarrollo urbano ligado al deporte, la pregunta es si algo de esto es realmente cierto.
El Rastreador de Promesas del Plan de Derechos Humanos ATL26 intenta responder esa pregunta. Rastrea los 60 compromisos basándose en evidencia pública: anuncios de la ciudad, noticieros, registros y avisos de lxs miembros de coaliciones de defensa local y residentes. Cada compromiso recibe una calificación (Cumplido, En buen camino, Parcial, En riesgo, Incumplido o Poco claro) basada en lo que puede verificarse.
El rastreador se actualiza semanalmente y funcionará hasta diciembre de 2026, cuando se espera el propio Informe de Impacto en Derechos Humanos posterior a los Juegos de la ciudad. Cada calificación incluye enlaces a las fuentes. Si tienes información sobre algún compromiso que no esté reflejado, hay un formulario para enviar sugerencias en la página web.
Declan Abernethy es profesor en el Instituto Tecnológico de Georgia, donde imparte cursos sobre deporte, sociedad y la ciudad de Atlanta. Es miembro de la coalición Play Fair ATL, un grupo que representa a una amplia variedad de organizaciones laborales, de justicia y de derechos que comparten la misma visión sobre la Copa Mundial.

