Habitar un espacio subalternizado mientras se realiza el Mundial FIFA 2026

Por: Jair Coronado Rosales

Mega eventos como el Mundial de la FIFA son fenómenos particulares dentro de la historia de ciertos países, así como de ciertas ciudades. En estos escenarios se abre la oportunidad para la realización de diferentes transformaciones, sobre todo en lo relacionado a lo urbano y a su infraestructura (Klinenberg, 2021; La Duke y Cowen, 2020). Sin embargo, también existen transformaciones que van más allá de lo material, de lo físico, de lo económico; transformaciones que suceden en lo intangible y que la pérdida de los elementos que están en riesgo ante tanto movimiento puede tener un costo inconmensurable en términos de identidad, memoria e historia.

La Ciudad de México participará en su tercer mundial, el Estadio Azteca (ahora Banorte) será el único estadio en el mundo y en la historia del fútbol en haber hospedado tres mundiales hasta la fecha, su segundo ya en tiempos neoliberales, 1986, 2026. En este sentido, es importante considerar las afectaciones que conlleva realizar un mega evento como el Mundial de la FIFA 2026, por lo que sucede en la Ciudad de México, pero también, por lo que sucede en un espacio aledaño al estadio, una colonia popular, un espacio subalternizado, llamado Pedregal de Santa Úrsula Coapa (PSUC).

Las transformaciones urbanas que se han estado llevando a cabo en la Ciudad de México a lo largo de los últimos dos años con el pretexto del Mundial de la FIFA 2026, han llegado a tal punto de hostilidad e imposición que ciertos sectores de la ciudadanía han mostrado su inconformidad. Esto es constatable, tan solo por mencionar un ejemplo, en la lucha que han manifestado en contra de la ciclovía “La Gran Tenochtitlán” en Calzada de Tlalpan, las personas prostitutas o sexo servidoras que ocupan este espacio, quienes han argumentado que esta imposición ha sido para implementar prácticas de higiene social bajo el pretexto del mundial.

La remodelación que se lleva a cabo en el Estadio Azteca y los alrededores, también ha sido sumamente controversial en relación a los recursos naturales requeridos y extraídos en el proceso, por ejemplo, el agua. El Pueblo de Santa Úrsula Coapa, ubicado a un costado tanto del estadio, así como de la colonia popular PSUC, históricamente ha luchado por su derecho al agua como pueblo originario de la Ciudad de México, así como se ha posicionado no sólo en contra del Mundial FIFA 2026, sino del avance de la gentrificación de la ciudad y los problemas sociales, históricos y culturales que surgen gracias a este tipo de urbanización característico del neoliberalismo en el que vivimos (Brown, 2020, Gago, 2015). Sin embargo, existe una afectación que transgrede esencialmente la configuración de la identidad/memoria de las personas que habitan la colonia PSUC debido a la redinamización de las funciones del Estadio Azteca y su forma de contribuir, en tanto que megaproyecto e infraestructura, a la continuidad de la mercantilización del suelo, del paisaje y de la cultura urbana de la Ciudad de México.

– Tríptico de una historia compartida (2025). Hecho por Kristoff. Collage análogo.

El Estadio Azteca se ha posicionado como un referente no sólo de ubicación o localización, sino identitario para las personas que habitan en la colonia, particularmente, para quienes habitan en las calles más cercanas al estadio. Esto es legítimo gracias a la historia compartida entre este estadio y la colonia, una historia que nos remite al año 1962, cuando se dio el encuentro, cuando el estadio comenzó a ser construido a costa de una colonia que ya tenía vida, ya tenía años en desarrollo, incluso había casas precariamente construidas en el terreno en el que ahora se posa el Estadio Azteca.

Si nos detenemos a pensar, justamente, en estos años antes de la construcción del estadio, años en los que las personas ya tenían su tiempo no sólo construyendo sus casas, sino un futuro, sobre piedras, a un costado de un pueblo, “lejos de la civilización”. Resulta que este tiempo es más importante de lo que aparenta, pero, lamentablemente, es lo que posiblemente esté a punto de perderse en la medida de la agudización de las transformaciones urbanas, capitalistas, neoliberales, redinamizadas por mega eventos como el Mundial de la FIFA 2026; sin importar que, este período pequeño de tiempo, alrededor de 10 años, entre 1950 hasta 1962, signifique los cimientos ideológicos, identitarios y materiales de los cuales se erigió una colonia popular.

El propósito de este escrito es mostrar la actualidad de la colonia PSUC durante el proceso de preparación de Mundial de la FIFA 2026; es decir, se pretende analizar o hacer una reflexión en relación a las transformaciones que se efectúan todavía al sol de hoy, a qué responden, pero, sobre todo, profundizar en lo que estas transformaciones ocasionan en términos de su transgresión a la memoria y la identidad de las personas que habitan la colonia. Por otro lado, se pretende realizar una comparación histórica y espacial en torno a esta actualidad mencionada, frente a un pasado que está en resistencia no sólo en función de la memoria, de las prácticas sociales, tradiciones, sino en relación a las personas que participaron y han formado parte de lo que es la colonia históricamente, personas que experimentaron tanto su construcción así como su paulatina transformación al transcurrir de los años y en correspondencia de su relación con el Estadio Azteca.

Para esta suerte de comparación histórica y espacial ocuparé algunas entrevistas que he realizado en los últimos tres años a personas que habitan en la colonia, personas adultas mayores de 75 años y personas más jóvenes menores de 50 años. Como bien lo apunta Gayatri Spivak (2003, 2007), es importante recuperar las voces de las personas subalternizadas, aquellas voces que han sido silenciadas debido a su cercanía con un estadio, un megaproyecto, una infraestructura urbana.

Es trascendental hacer este ejercicio ya que se ha posicionado como una necesidad histórica el recuperar la certeza de lo que somos, de lo que nos constituye no sólo como personas sino como una comunidad, una formación social y espacial, en este caso, lo que ha conformado y constituido a la colonia PSUC, todo aquello que está en riesgo de perderse ante tanta transformación, pero, sobre todo, ante la disponibilidad a la que orillan a la colonia, al pueblo y demás espacios populares aledaños, gracias a mega eventos como el Mundial de la FIFA 2026.

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