¿Un Mundial tecnofascista? Parte II: La vigilancia en los estadios inteligentes

-por Carolyn Prouse

Croacia estuvo a un pelo de eliminar a Portugal en los dieciseisavos de final cuando una decisión del VAR anuló el gol: al parecer, el sensor del Trionda detectó una leve señal de un cabello rozando el balón, lo que convirtió la jugada en fuera de juego. Ha habido mucha controversia, y con razón, sobre cómo estas tecnologías digitales impulsadas por inteligencia artificial están alterando el desarrollo del juego y desplazando la toma de decisiones humanas por determinaciones técnicas que dejan de lado la subjetividad e incluso el sentido común. En la primera entrada de esta serie hablé cómo estas tecnologías digitales están vinculadas con la historia de la “innovación” militar y efectos despolitizadores que esto tiene tanto en el fútbol como en nuestra vida cotidiana. En esta entrega examino la vigilancia en los estadios de manera más general, especialmente en una era de capitalismo digital en la que el estadio inteligente se ha convertido en una incubadora y una extensión de la ciudad inteligente.

En el estadio, tanto en la cancha como en las gradas, los cuerpos y sus movimientos son segmentados, conectados y reorganizados en nuevos conjuntos de datos a través de los estadios “inteligentes”. Si antes eran una muestra para exhibir las últimas innovaciones tecnológicas (incluidas las militares), los estadios se han convertido en “laboratorios vivientes de innovación performativa“, ya que recopilan más datos para perfeccionar algoritmos y tomar decisiones.

La transición hacia los estadios inteligentes ha ocurrido de forma paralela al desarrollo de la ciudad inteligente. Al analizar el Sun Devil Stadium (SDS) de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), Chamee Yang y CL Cole muestran cómo los sensores distribuidos por todo el SDS monitorean el comportamiento de lxs aficionadxs e animan a lxs espectadores a hacer más ruido para que suba el nivel de sonido proyectado en la pantalla gigante. Las conexiones de internet de mayor velocidad permiten que los vendedores rastreen con mayor facilidad quién compra qué y dirijan publicidad personalizada para inducir a lxs consumidores a adquirir sus productos.

Mientras que lxs propietarios privados de estadios llevan mucho tiempo invirtiendo en tecnologías digitales para la seguridad y la generación ingresos, la FIFA exige mejoras tecnológicas en los estadios sede de la Copa Mundial de 2026 para garantizar conectividad y velocidad digital. En el estadio de mi ciudad, el BMO Field (rebautizado como “Toronto Stadium” durante el Mundial), el documento oficial de remodelación proclama la “liberación” que supuestamente brindan estas innovaciones de alta tecnología: “La tecnología de autoservicio, incluida la IA generativa y la visión por computadora en determinados puestos de venta, mejorará las colas de pago para que lxs aficionados puedan pasar más tiempo disfrutando de la acción.” Lxs aficionados tienen libertad para consumir más y más rápido, tanto dentro como fuera de las gradas.

Más allá del consumo comercial, los estadios deportivos han implantado formas mucho más explícitas de vigilancia digital y tecnologías de seguridad, con respuestas encontradas. El programa “Go-Ahead Entry” de las Grandes Ligas de Béisbol generó preocupación entre la afición del Citi Field, en Queens, Nueva York, debido a su uso de reconocimiento facial en los controles de seguridad exprés. Sin embargo, en el Intuit Dome, donde juega el equipo de la NBA LA Clippers, casi el 75% de lxs aficionados optaron por utilizar Game Face ID – un sistema de autenticación facial que escanea el rostro y lo compara con una selfie previamente subida en lugar de utilizar boletos físicos. En efecto, muchos aficionados aceptan un mayor nivel de vigilancia si eso significa poder ingresar a un entorno “seguro” para apoyar a su equipo favorito. Es fácil olvidar que estos son espacios privados donde el tecnofascismo puede florecer – para muchxs, el estadio sigue siendo un “templo de los dioses terrenales“.

Esta vigilancia en los estadios ya está siendo utilizada contra algunxs aficionadxs. Una investigación reciente de Wired documenta cómo Jim Dolan, propietario de los New York Knicks, y su equipo de seguridad utilizaron reconocimiento facial en el Madison Square Garden para presuntamente rastrear y acosar a una mujer trans. Aunque el artículo presenta el caso principalmente como una vendetta personal, también apunta a una realidad más amplia: el reconocimiento facial se está volviendo omnipresente en las ligas deportivas con fines policiales. En el Reino Unido, por ejemplo, el reconocimiento facial en estadios de Inglaterra, Escocia y Gales ha canalizado datos a los servicios policiales locales para identificar a “posibles delincuentes” y “prevenir disturbios”. En octubre de 2023, se llevaron a cabo tres arrestos gracias al uso de reconocimiento facial en tiempo real durante un partido de la Premier League entre el Arsenal y los Spurs, donde las imágenes de la multitud se introdujeron en una base de datos de “listas de vigilancia” que almacenaba fotografías de supuestos delincuentes. A medida que los sistemas de datos corporativos y estatales se integran cada vez más, la línea que separa el estadio de fútbol de la “ciudad común” se vuelve cada vez más difícil de distinguir.

Y la Copa Mundial sólo agrava estas maniobras, donde la FIFA afianza las tendencias autoritarias que ya se estaban gestando en el Estado.

En Qatar, por ejemplo, durante el Mundial de la FIFA 2022, el reconocimiento facial para boletos fue apenas la punta del iceberg digital: el país instaló en Doha un Centro de Comando y Control Aspire, que integraba las imágenes de unas 15,000 cámaras de seguridad distribuidas en los ocho estadios del torneo para monitorear el comportamiento de la afición. Aunque se justificaron como una forma de hacer más “eficiente” el movimiento de las multitudes dentro de los recintos deportivos, estos sistemas también permiten vigilar y controlar a lxs espectadores.

Lo que está en juego con estos estadios “inteligentes” no se limita a la vigilancia y la violencia; están reconfigurando el propio terreno de la política. El estadio ya no es un laboratorio aislado donde se prueba una vez y luego se lanza al mundo, el estadio se convierte en un espacio fundamental donde recopilan datos masivos por múltiples actores (FIFA, sus patrocinadores y los gobiernos locales) para perfeccionar aún más los algoritmos de predicción y segmentación.

Orit Halpern y Gökçe Gunel describen este cambio como un desplazamiento del demos de la democracia al demos del experimento: nuestra capacidad de reunirnos como público en el espacio público y negociar la gobernanza – por ejemplo, cómo las corporaciones pueden dirigir y moldear el comportamiento del consumidor o cómo se despliega la policía en determinados barrios – queda reemplazada por tecnologías experimentales que recopilan datos y refinan continuamente sus algoritmos dentro de un margen de error previamente aceptado. La política y la democracia son vaciadas de contenido y sustituidas por algoritmos propietarios y opacos. El estadio deportivo es un espacio crucial para normalizar estas nuevas formas de tecno-gobernanza, promoviendo mayores niveles de vigilancia y control al aprovecharse de nuestro amor por el deporte rey.

En la próxima entrada hablaré cómo este aumento de la vigilancia y el control policial se desborda más allá de los estadios para perjudicar directamente a las comunidades que viven en sus alrededores. ¡Nos vemos allí!