-por Carolyn Prouse
Vigilancia algorítmica más allá del estadio
Para la Copa Mundial, no se trata solo de los datos, sino de la propia tecnología de vigilancia, que se extiende desde el estadio deportivo hasta sus alrededores. En el primer texto de esta serie hablé sobre cómo las tecnologías digitales están mediando (e incluso perjudicando) el juego que amamos y, en el segundo, cómo el capitalismo digital también ha arraigado en y a través del estadio. En esta última entrada me centro en quienes se ven más perjudicados por la acogida de la Copa Mundial y, especialmente, por los requisitos de la FIFA para controlar y vigilar el radio de 2 km alrededor de los estadios del torneo.
A través de los acuerdos con las ciudades sede, la FIFA exige que los municipios establezcan un “área controlada” con un radio de 2 km alrededor de los estadios, donde las personas, los negocios y marcas quedan sometidos a un control intensificado. Un artículo de CBC informó recientemente que en Vancouver “se instalarán aproximadamente 200 cámaras como parte de un requisito de la FIFA en zonas vinculadas a actividades relacionadas con la Copa Mundial, incluyendo B.C. Place, el FIFA Fan Festival en el PNE y los sitios de entrenamiento”. Lxs organizadores en Vancouver están especialmente preocupados porque dentro de ese radio de 2 km se encuentra el Downtown Eastside (DTES), conocido como el código postal más pobre de Canadá, un sector de la ciudad que ya está excesivamente vigilado y sometido a una fuerte presencia policial. Aunque la ciudad sostiene que estas cámaras se retirarán después de la Copa Mundial de 2026, la larga historia de los megaeventos deportivos está marcada por tecnologías cuya misión se ha ‘extendido’ más allá de su propósito original, convirtiéndose en parte de la arquitectura de vigilancia urbana desde Los Ángeles hasta París.
La legislación de Estados Unidos genera aún más preocupación en las zonas que rodean los estadios de la Copa Mundial. La coalición de Los Ángeles NOlympics LA, explica que el Departamento de Seguridad Nacional clasifica los megaeventos deportivos en la ciudad (incluyendo el Super Bowl de 2026, el Mundial de 2026 y los Juegos Olímpicos de 2028) como “Eventos Nacionales de Seguridad Especial” (NSSE). El DHS aplica la designación de NSSE a eventos que podrían ser un “objetivo potencial de terrorismo u otra actividad delictiva”, lo que permite un aparato jurídico de seguridad por zonas que “incluye un centro de comunicaciones y recopilación de inteligencia entre fuerzas policiales locales, estatales y federales”. En otras palabras, la NSSE incorpora al Departamento de Seguridad Nacional (DHS), el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU (CBP), el Servicio Secreto, el Buró Federal de Investigaciones (FBI), las policías estatales y el Departamento de Defensa dentro de la órbita de la ciudad.
Y no son sólo las fuerzas o técnicas de seguridad estadounidenses operando en estos espacios. Como señala NOlympics LA, empresas israelíes como International Security & Defense Systems (ISDS) llevan mucho tiempo formando a las fuerzas de seguridad para megaeventos deportivos, generando su propio efecto boomerang fascista en el quel “las empresas israelíes, bajo la dirección de las autoridades israelíes, han tomado la violencia que ejercen contra el pueblo palestino y la han exportado internacionalmente con fines de lucro”.
En México también se está poniendo en marcha un plan de seguridad reforzado en las tres ciudades sede – Ciudad de México, Monterrey y Guadalupe – donde cerca de 100,000 elementos de seguridad tomarán las calles. Denominado “Plan Kukulkán”, este operativo se extenderá más allá de las ciudades anfitrionas para abarcar otros destinos turísticos populares, mediante una fuerza integrada por personal militar, cuerpos civiles, empresas de seguridad privada y sistemas antidrones. Se rumorea que perros robot – unidades K9-X – se incorporarán al operativo para resguardar el estadio BBVA en Guadalupe, equipados con “cámaras de video, visión nocturna y sistemas de comunicación utilizados para emitir advertencias o instrucciones”.
Las visiones distópicas de perros robot y cúpulas de vigilancia antidrones son imágenes polarizantes que revelan algo más profundo: nuevas formas de vigilancia y control policial basadas en tecnologías digitales que se despliegan con motivo del megaevento. Muchas fuerzas y sistemas policiales en Canadá, Estados Unidos y México ya utilizan mecanismos de vigilancia algorítmica – técnicas preocupantes que incorporan sesgos, privatizan los datos e incorporan a toda la población en formas de vigilancia masiva. La vigilancia policial digital está recibiendo ahora una mayor financiación y legitimación gracias a los inflados presupuestos de seguridad de los gobiernos anfitriones del Mundial. Citizen Lab, en Canadá, ha documentado el uso de vigilancia algorítmica policial por parte del Departamento de Policía de Vancouver, mientras que Toronto está poniendo en marcha una nueva Unidad de Seguridad Antiterrorista que comparte “inteligencia” con otras fuerzas policiales de Canadá. Además, el Departamento de Defensa de Canadá ha sido recientemente objeto de fuertes críticas por un nuevo contrato firmado con la controvertida empresa de análisis de datos Palantir. Al mismo tiempo, en todo Estados Unidos las estrategias municipales de vigilancia policial para proteger la Copa Mundial de la FIFA se están desplegando, y el FBI anunció recientemente un sistema centralizado de recopilación de inteligencia para analizar datos sobre posibles amenazas terroristas. Estos programas no son nuevos – de hecho, las instituciones policiales de Norteamérica llevan al menos una década experimentando con programas y protocolos de predicción del delito basados en grandes volúmenes de datos. Lo que la Copa Mundial ofrece es un incentivo para acelerar estos sistemas que normalizan la vigilancia policial militarizada, canalizan datos y ganancias hacia empresas privadas, y convierten la toma de decisiones en una caja negra que reemplaza a la democracia por la toma de decisiones algorítmica.
El deporte rey más allá de la FIFA fortaleza
A pesar de la proliferación de la “inteligencia”, los estadios deportivos pueden ser profundamente conmovedores. Así como han sido escenarios para reunir a la juventud fascistas o para celebrar desfiles aéreos militares, los estadios también colectivamente mueven colectivamente el fervor de los espectadores. Un rugido repentino que te arranca del asiento. Una respiración brusca por todas partes cuando un balón está a punto de cruzar la línea de gol. Hay una belleza en el espíritu colectivo que habita en los cuerpos cuando se unen. Esa belleza puede volverse fea, por supuesto. Pero el estadio ofrece uno de esos excepcionales espacios en nuestra época contemporánea de adormecimiento digital: estar presentes, juntos, incluso en un espacio privatizado. El tecnofascismo – en forma de vigilancia para el control policial racializado, de fragmentación de nuestros cuerpos y nuestra capacidad de atención, de recopilación, monitoreo y manipulación de nuestros comportamientos para servir a lógicas depredadoras del mercado – nos arrebata esta visceralidad y nuestra capacidad de construir el demos. ¿Va a surgir una elección democrática de un partido de fútbol en un estadio? Probablemente no. Pero podemos y debemos exigir transparencia y control sobre la tecnología que está mediando nuestra relación con el deporte rey y entre nosotros mismos.

